domingo, 24 de octubre de 2010

El último exorcismo (de Daniel Stamm)


“El último exorcismo”, de Daniel Stamm, prueba que el género de terror está siempre en movimiento, se actualiza y fusiona con otros géneros, cambia, experimenta. Las primeras imágenes de la película dan una impresión de “ya visto”: la cámara movediza sobre el hombro del operador sigue a un personaje en su actividad ordinaria. Es decir, el truco de “El proyecto de la bruja de Blair” o de “REC”: enfrentar el horror sobreviniente, que rompe lo cotidiano, con el estilo del reportaje. Por cierto algo hay aquí de eso, pero el camino es distinto y, si se quiere, más atractivo, porque el reporteado es el pastor Cotton Marcus (Patrick Fabian). Mediático, cínico, escéptico, permite que lo siga el equipo que realiza un documental sobre su último exorcismo y ante el que descubre sus malas artes. Es un exorcista que no cree ni en Dios ni en el demonio; es un fraude dispuesto a protagonizar un truculento “reality show.

Manteniendo invariable el estilo de reportaje trucado, viajamos con Cotton y el equipo hacia la zona rural de Luisiana, donde llevará a cabo una de sus ‘performances’ frente a una ‘endemoniada’ adolescente, hija de un angustiado y fiel creyente. Es entonces que la película se encamina por vías inesperadas. “El falso documental” empieza a mostrar su capacidad para descubrir un mundo agobiado por la superstición, la superchería religiosa y el fundamentalismo. La ignorancia estimula la credulidad ante el fraude y provoca una violencia que tensa la narración.

Aun sabiendo que el exorcismo de Cotton es un engaño, las apariencias llevan a creer que tal vez exista algo sobrenatural ahí. El clima ominoso que contradice la transparencia y legibilidad de la imagen digital, el ambiente cargado y lo aparatoso del cuadro de transformación de la “poseída” son pistas que conducen hacia el dominio de lo fantástico. De pronto se muestra el revés del miedo, el mecanismo de la ilusión, el truco que provoca escalofríos. “El último exorcismo” juega a desmontar los recursos persuasivos del terror.

Pero enseguida el clima del horror vuelve a aparecer y hasta el tramposo pastor parece empezar a creer en Luzbel. La película nos coloca en una posición de incertidumbre: con la incredulidad suspendida, los espectadores estamos dispuestos a aceptar la presencia demoníaca, pero también la posibilidad de horrores cotidianos, patologías arraigadas, violencia doméstica, incesto. Todo es posible en ese mundo de fanatismos medievales.

Durante casi toda la proyección estamos en el umbral de una explicación realista y científica del asunto que la película se niega a dar. El director Daniel Stamm sabe que las buenas cintas del género de terror se mueven en los intersticios, moviéndose entre lo probable y lo improbable hasta llegar a una inequívoca resolución.

La actuación de Ashley Bell, como Nell, la endemoniada, es clave en este logro: sus gestos y actitudes se mantienen en una zona incierta en la que conviven la inocencia y la perturbación. Como también se mantienen en una frontera los recursos usados en la película: los movimientos súbitos de objetos y torsiones corporales parecen prescindir de efectos especiales elaborados. Todo aquí tiene un aire artesanal, de película barata de serie B.

La secuencia final es, tal vez, discutible, pero redondea la faena fantástica. Es un homenaje, además, a clásicos como “El bebe de Rosemary”, “Magia negra”, de Terence Fisher, y a un gran filme de terror olvidado de los años setenta, “Carrera contra el diablo”, de Jack Starret.

Ricardo Bedoya
Diario El Comercio, Lima.


martes, 17 de agosto de 2010

Después de la vida (After Life) de Agnieszka Wojtowicz-Vosloo



–¿Por qué morimos?
–Para que la vida sea importante.


En Después de la Vida (After Life), a Christina Ricci le cuesta –como a todos, creo– aceptar su propia muerte (un deceso impregnado de espejismos y recuerdos contradictorios que la hacen confundir la vida con la muerte y viceversa).
Dentro de todo lo mediano de esta película, supuestamente de terror, hay una confesión muy dura que hace la protagonista cuando acepta que el amor hace daño, causa demasiado dolor; y que por eso mismo ella se había jurado, desde una temprana edad, el no amar a nadie para no volver a sufrir. Medida extrema, pero atendible a razón de experiencias propias.
Ricci se presentaba, hasta antes de esta cinta dirigida por Agnieszka Wojtowicz-Vosloo, como una de las mujeres más codiciadas del cine. En País Prozac se llevó mi corazón. Pero en Después de la Vida su imagen evoca más a películas de vampiros.
El largometraje es singular, creo que esto lo digo llevado más por el deseo que por una cuestión más racional. El sepulturero tiene un don especial que lo hace ‘conversar’ con los muertos. Así, les ‘ayuda’ a aceptar su muerte. La mujer implora por una nueva oportunidad. Y la recibe. Pero el miedo la paralizó.
–Creí que eras distinta –le dice el sepulturero a la protagonista–. Pero eres igual a todos: dices tener miedo de morir, pero le tienes miedo a vivir.
La conclusión a la que la hace llegar es patética y contundente:
–Menos mal que ya estoy muerta –apostilla ella–. Ya todo pasó.
Uno quisiera decir lo mismo: agradecer por haber terminado con todo y poder descansar en paz. ¿Falta poco? No se sabe.


Christina Ricci está muerta. Si nos morimos con ella, hagámoslo de una vez.

lunes, 16 de agosto de 2010

Leonera (de Pablo Trapero)


Julia amanece en su departamento, rodeada de los cuerpos ensangrentados de Ramiro y Nahuel. Ramiro aún vive; Nahuel ha muerto. Ambos, de un modo confuso y simultáneo, han sido sus amantes. Julia está embarazada de uno de ellos. Julia es enviada a una unidad penitenciaria, donde se alojan a las reclusas madres y embarazadas.

Allí, pasa los días iniciales abstraída y ajena. Dos personajes se incorporan a su vida. Uno es Marta, una compañera de reclusión que ya ha criado a dos hijos dentro de la cárcel y que se convierte en guía y consejera; el otro es Sofía, su propia madre, un personaje ambiguo con el que Julia se reencuentra después de muchos años. Sofía trata de reparar los errores del pasado, ayuda a su hija, le contrata un buen abogado, le lleva ropa para el bebé, y de a pocos restablece una relación con Julia.

La causa judicial por la muerte de Nahuel tiene dos posibles culpables: Julia y Ramiro, ambos recluidos en distintas unidades penitenciarias. Sus testimonios se oponen, el uno incriminando al otro.
El hijo nace, se llama Tomás. La crianza en la cárcel es difícil. Sin embargo, Julia comienza a sentirse madre casi sin quererlo. Comprende que lo único que le importa es la nueva criatura que ahora la acompaña, que no hay para ella más en la vida que ese niño. Julia decide visitar a Ramiro a la unidad masculina donde este es retenido. Los hecho de aquella noche son confusos para ambos, al igual que sus sentimientos.

http://www.leoneralapelicula.com/

domingo, 1 de agosto de 2010

DEMASIADO AMOR (de Ernesto Rimoch)


Esta semana pude ver una película mexicana del 2001. Lamentablemente no encuentro fragmentos en YouTube. Pero la película es altamente recomendable. Acá la sinopsis que hay en internet:
"Demasiado amor" es la conmovedora historia de una mujer que después de una difícil odisea de amor y soledad, encuentra su verdadera esencia. Laura y Beatriz son dos hermanas mexicanas en busca de un sueño compartido: tener una casa de huéspedes en el extranjero (España)y vivir de las rentas. de ésta. Lo han planeado durante años y, finalmente agobiadas por la crisis y la rutina, un día deciden que una de las dos tendrá que partir, así que lo dejan a la suerte (lo deciden con una moneda).
Y la suerte decide que sea su hermana y no Bea-triz quien viaje primero. Cuando Laura parte a España para arrancar el proyecto, Beatriz se queda sola en México aguardando el momento de alcanzar a su hermana, y comienza a vivir tres vidas diferentes. Mientras alberga la ilusión de irse, Beatriz comenzará a alimentarse de sueños y fantasías. En medio de amores fáciles, que le permiten reunir suficiente dinero para sostener a Laura, Beatriz conocerá a Carlos, un hombre con quien recorrerá la geografía de México, descubriendo las inimaginables bellezas de su país, de su alma y de su propio cuerpo.


También encuentro datos sobre el cineasta mexicano Ernesto Rimoch (México, 1951) que trabajó con obras de nada menos que Julio Cortázar:

Director, guionista y productor. Nació el 18 de agosto de 1951 en la Ciudad de México. Estudió Ingeniería industrial en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, 1970-1975), y cine en la National Film School de Inglaterra.

A mediados de la década de los setenta Ernesto Rimoch se inscribió a un curso de cine que impartían profesores del Centro de Estudios Cinematográficos (CUEC / UNAM) en La Casa del Lago de la UNAM, durante dicho curso realizó los cortometrajes Muerte súbita (1976) y Boceto (1977). Trabajos que envío a la National Film School de Gran Bretaña y que le permitieron su ingreso a esta escuela, donde permaneció casi cuatro años (1978-1982).

En 1981, con el apoyo del Institute d’Hautes Etudes Cinématographiques (IDHEC) escribió y dirigió el cortometraje Mask, basado en el cuento El perseguidor, de Julio Cortázar. Sobre este trabajó comentó: “(...) Es un filme que a [Julio] Cortázar le encantó, yo le mandé el guión, le hizo observaciones varias veces, luego lo conocí [al escritor] y lo vio cuando estuvo terminado. No sé que habrá pensado finalmente, porque cuando escribes ves las cosas de una manera, pero que otro ponga en imágenes algo que escribiste es difícil, sin embargo quedó satisfecho”. (Importante, no depender del subsidio: Ernesto Rimoch. Por Raquel Peguero. La Jornada, sección cultura, 27 de diciembre de 1994. P. 33).

Esta adaptación me la motivó mi amor por el cuento y por el jazz que contiene. Desde que lo leí por primera vez, hace ya muchos años, pensé que se trataba de un tema formidable para ser llevado a la pantalla; apenas tuve la oportunidad así lo hice. (...)

“Las dificultades en la adaptación para mí fueron más bien de condensación, Mask es una película de 32 minutos de duración y muchos elementos tuvieron que desaparecer en la versión final. (...)

“La palabra pesa demasiado en la mayoría de las adaptaciones (...). Lo que se lee con soltura no se acepta tan fácilmente cuando se escucha en la boca de tal o cual actor. (...)” (Fallan las adaptaciones cinematográficas que intentan hacer trasposiciones literarias y no esenciales: Rimoch. Por Martha Coda. Unomásuno, sección cultura, 20 de mayo de 1986. P. 22).

Este cortometraje recibió el premio de mejor película internacional en el Festival de Alès, Francia, y fue nominado para el premio Grierson Award, en Inglaterra (1981).

En 1982 viajó a París, Francia, donde trabajó inicialmente como asistente de producción y dirección del chileno Helvio Soto. Posteriormente realizó documentales para la televisión europea: Un hombre como Julio (1983), que trata sobre la obra de Julio Cortázar; México: los tres sismos (1989), historia de la reconstrucción de las vecindades del Centro Histórico de la Ciudad de México destruidas por el terremoto de septiembre de 1985 y La línea (1992), largometraje que a través de 12 historias narra la vida de la frontera entre México y Estados Unidos, que fue nominado al Ariel (1994) en la categoría mejor largometraje documental.

En 1994 regresó a México y fundó la productora Casa Artífice Producciones, con la cual inició el rodaje de su primera película en la industria nacional, El anzuelo, basada en un guión original de él mismo y de Eva Saraga.

Rimoch consideró a “El anzuelo, un proyecto ‘genuino donde hay una serie de pactos, sucesos y personajes que se quedan grabados’. Si bien el argumento puede parecer banal, ‘para mí la historia son los personajes. La riqueza de una película son siempre ellos, sobre todo cuando los centrales y los secundarios hacen un trabajo uniforme”. (Importante, no depender del subsidio: Ernesto Rimoch. Ob. Cit.).

Para Nelson Carro, el principal mérito de Rimoch fue el estupendo reparto que integró, “en el que figuras de talento reconocido se mezclan con otras quizás menores, que en ningún momento desentonan en el conjunto. Al contrario, no hay ningún papel pequeño ni descuidado, todos los personajes tienen su importancia y así están escritos e interpretados. En buena medida, este afortunado resultado se basa en el agudo sentido de observación del director y guionista, capaz de construir una comedia finalmente enraizada en la realidad, por lo menos en un sentido: los personajes y las situaciones retratadas en la película son perfectamente reconocibles como pertenecientes a un grupo social, la clase media”. (El anzuelo. Por Nelson Carro. Tiempo Libre, publicación semanal, 20 al 26 de junio de 1996. P. 2).

Esta cinta fue bien recibida en la XI Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara, donde ganó los premios de la Crítica Nacional, Dicine, del Jurado Internacional y el de la Organización Católica Internacional de Cine (OCIC). Además recibió la Diosa de Plata y el Ariel por ser considerada la mejor Ópera Prima en 1996. De este último premio también estuvo nominado en la categoría mejor argumento original.

Después de siete años de su primer largometraje industrial, Ernesto Rimoch dirigió y coescribió junto con Eva Saraga, Demasiado amor (2001), filme basado en la novela homónima de Sara Sefchovich.

Escena de Demasiado amor (Dir. Ernesto Rimoch, 2001)
Colección IMCINE

“Creo —dice, Ernesto— que la película en relación con la novela es totalmente diferente y a la vez nada diferente. Lo es, en el sentido de que quebrantamos algunas situaciones y reconstruimos algunos personajes. Por ponerte un ejemplo: En el libro dice ’conocí un arquitecto tal y tal’ y nosotros [Ernesto y Eva] desarrollamos 20 minutos con ese arquitecto, hicimos de él un personaje muy rico dramáticamente. A veces hay que decirlo, uno tiene que crear un personaje de la nada, pero no por manosear la obra sino para fortalecerla con los atributos del lenguaje cinematográfico. Y cuando digo ‘nada diferente’ es porque estoy convencido que conserva la esencia, las bondades de su discurso, su espíritu”. (La ruta íntima para conocer México. Por Magali León. Unomásuno. Suplemento semanal Sábado, 12 de mayo de 2001. P. 16).

Finalmente, para Eva Saraga y Ernesto Rimoch lo más significativo al escribir este guión fue “la construcción del personaje principal, por sus complejas características y por el crecimiento que alcanza a lo largo del relato. Beatriz [el personaje principal] es como un outsider, un ser marginal que evoluciona hasta configurarse como alguien ejemplar. Después de haber sido una mujer gris, introvertida, que no se quiere así misma, insegura, dependiente a dar todo por los otros, termina siendo una mujer valiente, congruente con sus decisiones que sabe vivir con intensidad y que logra entregarse aun pese a los costos. Todos esos cambios, todos esos matices, tenían que definirse sin nudos o saltos, fluidamente, para que el espectador disfrutara su película”. (Idem)

Cabe señalar, que este filme en la XLIV entrega del Ariel fue nominado en la categoría mejor guión cinematográfico adaptado. Tanto El anzuelo (1994) como Demasiado amor (2001) han sido exhibidas en diferentes festivales internacionales.

Por otra parte, Ernesto Rimoch considera a Manuel Puig como uno de los mejores guionistas y adaptadores cinematográficos porque “nos da tal vez los mejores ejemplos de lo que se puede hacer con nuestra literatura llevada a la pantalla”. (Fallan las adaptaciones cinematográficas que intentan hacer trasposiciones literarias y no esenciales: Rimoch. Ob. Cit.)

Además, el cineasta fue presidente de la Asociación Mexicana de Productores Independientes (AMPI, 2000-2002) y actualmente (2002) es vicepresidente de la Federación Iberoamericana de Productores.


jueves, 29 de julio de 2010

El juego de la silla (de Ana Katz)


Una reseña de Yvonne Yolis sacada de www.cineismo.com

El juego de la silla es, básicamente, una familia. Cuando la directora pensó en esta historia, no tenía en claro la estructura, los conflictos, la puesta en escena ni el final. Tenía en mente a un grupo de personas frente a una situación muy concreta: Víctor vive en el extranjero y está de paso, por un día, para visitar a su mamá y a sus hermanos. Todos están muy ansiosos por su llegada y esperan compartir con él los rituales del pasado y el afecto acumulado por largo tiempo. Los Lujine –que de ellos se trata– fueron lo primero que surgió; después se convirtieron en una película y en una obra de teatro, alternadamente (primero se rodó, luego se montó la obra teatral durante un año, y por último se editó y terminó el film).

A partir de la lograda caracterización de cada uno de los personajes, de la premisa de la reunión familiar preparada para el hermano mayor y acotando los tiempos y el espacio a un solo día y lugar, Ana Katz desarrolla una comedia de situaciones en la que el humor se cuela a través de la pausada observación de lo cotidiano. Las secuencias se van sucediendo y el concepto es siempre el mismo: lo habitual y, aparentemente, más normal del mundo (un diálogo, una comida, un juego) comienza a coquetear con la locura y se tiñe de patetismo. Es el patetismo de lo cotidiano puesto en escena; lo cercano y conocido que se vuelve siniestro visto con otros ojos.

La narración trabaja sobre esa delgada línea entre la “normalidad” y la “locura”. Va y viene entre la identificación del espectador con los personajes –cualquiera estuvo en una escena similar– y la vergüenza ajena que produce la exposición de las miserias, la estupidez o la verdad inconfesable. Todo esto produce risas, pero, sobre todo, una tensión insoportable. El montaje lento, la puesta en escena algo teatral, la seriedad con que se toman los Lujine cada uno de los ritos (muchas veces absurdos o ridículos) que llevan a cabo, terminan de definir el tono y refuerzan la sensación de que en cualquier momento algo va a explotar.

El film abre con un avión que está por aterrizar y empieza a presentar a cada uno de los personajes. Además de describirlos y de dar pistas sobre lo que está por ocurrir, el relato hace saber que los roles están bien definidos en la familia: cada cual cumple con un papel inamovible. Andrés (Nicolás Tacconi) es rebelde, despreocupado, desordenado y algo “vago”. Laura (Ana Katz) es un poco tonta, ingenua, insegura, muy “nena” para la edad que tiene. Lucía (Luciana Lifschitz) es la hermana menor, llena de entusiasmo y gracia. Silvia (Verónica Moreno), la ex novia de Víctor, es amiga de la familia, callada y tímida, tiene la ilusión de que él la siga queriendo. Nélida (Raquel Bank) es la jefa del hogar y es quien digita los pasos a seguir durante el día de agasajos a Víctor (Diego De Paula). Sus deseos son órdenes; no se le puede decir que no a una madre...

Durante el único día juntos, los Lujine comparten una cena y charlan –frase hecha tras frase hecha– sobre el clima o el tango en Europa. Víctor debe recordar (y cantar) su canción preferida y mirar los videos de su infancia. Laura le dedica varios dibujos y –contra la voluntad de todos– desafina una balada con su guitarra. Lucía realiza una coreografía con música latina a todo volumen. Andrés despliega un elemental inglés para dialogar con su hermano y complacer, una vez más, a mamita. Así, entre éstas y otras situaciones similares, más que un gran conflicto, El juego de la silla va sumando pequeñas tensiones.

El clima festivo que debía tener el reencuentro de los Lujine choca con la decepción, la bronca y el dolor cuando las horas no alcanzan, el amor los desborda, las cosas no salen como lo planearon y los juegos se convierten en algo más que eso. Justamente, el juego (que da nombre al film) de correr alrededor de la silla hasta que queda un solo ganador condensa todo el sentido contenido en el film y, cuando estalla, desencadena mucho más que el final de la película.

Un hombre muy serio (de los hermanos Coen)



A serious man, es una película de los premiados hermanos Coen (No es país para viejos) que incursiona en el drama con un humor negro que arranca más de una buena risotada.
Interesante, descabellada. Una mirada mordaz de las costumbres judías y un aplauso. El final pudo estar mejor. Pero, de todas maneras, vale la pena.
Copio a continuación una nota de Terra (México):

Un Hombre Serio (A Serious Man), la realización más reciente de los hermanos Joel e Ethan Coen, recrea a través de una comedia de humor negro los problemas que ahogan la vida de 'Larry Gopnik', un judío que vive atormentado, luego de que su esposa le revela que está enamorada de un colega y su mejor amigo.

La película forma parte de la 51 Muestra Internacional de Cine que estará vigente hasta el 30 del presente mes en la Cineteca Nacional, que incluye una serie de realizaciones de los más reconocidos directores contemporáneos.

La trama escrita por los Coen, ambientada en el medio Oeste, en la ciudad de Minneapolis a finales de los 60, narra la historia del introvertido profesor de física, interpretado por Michael Stuhlbarg, un profesor que aspira a ser elegido catedrático de la universidad en la que imparte matemáticas.

Pero el mundo se le pone de cabeza desde que 'Judith' (Sari Lennick), su mujer, le exige el divorcio para hacer una nueva vida al lado de 'Syl', un viudo judío allegado a la familia; sin embargo, le pide que sea bajo el ritual de su religión.

Por si fuera poco, 'Gopnik' vive un gran dilema cuando 'Cliv', un estudiante coreano, le exige que lo apruebe, porque de lo contrario su padre se molestará. Luego de negarle el deseo a ese individuo, se da cuenta de que mañosamente le ha dejado un sobre con un soborno con cientos de dólares.

Los problemas en la vida de este profesor aumentarán con dos hijos: 'Danny', próximo a tener su bar mitzvah, y 'Sarah', una hija, que le arranca billetes de la cartera cuando él no está, obsesionada con hacerse una cirugía estética en la nariz. Para rematar, debe soportar a 'Arthur', un hermano parásito, pendenciero y fanático de los juegos de azar.

'Gopnik' no encuentra la salida y en su deseo porque alguien le dé una respuesta y lo haga despertar de esta pesadilla, decide acudir a los rabinos de su comunidad, siendo recibido en primera instancia por uno muy joven e inexperto; luego por otro de mayor experiencia, pero el gran rabino no tendrá tiempo para atenderlo, por lo que su situación se estanca cada día más.

En Un Hombre Serio los Coen parecen regocijarse en hacer una especie de un detrás de cámaras, sobre lo que pocas veces se conoce a fondo en el judaísmo.

Sin duda, después de su filme Quémese después de Leerse, en esta ácida comedia reflejan una parodia de los ritos, costumbres y modos de vida de la comunidad judía del medio Oeste estadunidense, la tierra natal de estos reconocidos cineastas.

Los Coen seleccionaron un reparto que les quedó a la medida para este largometraje en el que participan otras figuras como Simon Elder, quien interpreta el papel del 'Rabino Scott'; Richard Kind como el 'Tío Arthur'; George Wyner, como el 'Rabino Nachter', y Adam Arkin, como 'Don Milcarm', entre otros.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Pesadilla en Elm Street: el origen & Paraíso (de Héctor Gálvez)

Hoy volví al cine. Pero fue distinto: estuve solo. Creo que la última película que vi en el cine Planet, sin estar acompañado, fue la inolvidable DÍAS DE SANTIAGO de Josué Méndez. La semana pasada estuve con un amigo viendo Paraíso de Héctor Gálvez y, ahora, el remake de Pesadilla en Elm Street.
La película no es tan mala. Hasta se podría decir que se deja ver. Aunque en vez de terror, provocaba risas en la sala atestada de gente (la contracara de Paraíso, porque nadie ve cine peruano, a menos que la pela sea nominada a los premios Óscar).

Hablando de los premios Óscar: el único mérito de la película fue darle el papel de Freddy Krueger a un actor que me conmovió en Little Children. Estamos hablando de Jackie Earle Haley.
Eso fue todo.
Mejor -para que el post valga la pena- los dejo con el trailer de Paraíso, una buena película del limeño Héctor Gálvez:



En el diario El Comercio encontré una nota de Sonia del Águila que aprovecha para sacarle detalles al director de Paraíso:

Satisfecho de sus logros e inyectado de una gran confianza para iniciar un nuevo proyecto cinematográfico. Así se encuentra el cineasta Héctor Gálvez, quien con su ópera prima Paraíso ha logrado sobresalir en el cine nacional. Su meta: trascender fronteras con su arte y su envidiable capacidad de plasmar en una historia la vida real.

Paraíso fue estrenada internacionalmente en setiembre pasado en una muestra del festival de Venecia, uno de los tres más importantes del mundo del cine. Los peruanos, recién hace un par de días, tuvimos la dicha de gozar del trabajo de Gálvez.

La historia del primer largometraje del joven cineasta nacional gira alrededor de los problemas que enfrentan cinco jóvenes en su paso a la adultez. Transcurre en el asentamiento humano Paraíso, en Huachipa, lugar donde el cineasta estuvo trabajando para una ONG.

Conocí a los chicos del barrio Paraíso de Cajamarquilla en el año 2000. Llegué a ese lugar para dictar un taller de video. Las madres se habían acercado a la ONG -donde trabajaba en ese momento- para pedirme que hiciera algo con sus hijos, que andaban metidos en pandillas. Así que les propuse hacer un taller de lenguaje audiovisual para generar autoestima en ellos”, recuerda Gálvez.

“Los cinco amigos de esta historia fueron creciendo a propia voluntad en cada página del guión, encarnando las muchas situaciones que fueron tomadas en muchos casos de la experiencia de vida de estos muchachos (…) Ahora que la película está terminada no sé si les hice del todo justicia, si toda la chispa y picardía que tienen en sus conversaciones de grupo han quedado reflejadas, si he tenido los mejores finales para ellos. Uno siempre queda insatisfecho”, remarca el cineasta.

La ópera prima de Héctor Gálvez ha participado en una serie de Festivales. Pero fue en el Festival de Huelva el 2009 que logró alzarse con el premio a mejor guión. Con la esperanza de seguir creciendo en el difícil mundo del cine en nuestro país, ya inició el guión de una nueva película, que –espera- logre grandes reconocimientos y, por qué no, trascienda las fronteras de nuestro país.

Sobre “Tarata” (Fabrizio Aguilar) y “La teta asustada” (Claudia Llosa), Gálvez asegura que son dos grandes producciones del cine nacional. “A más películas habrán mayores reconocimientos y saldrán mayores talentos entre directores y actores”, destacó.

Entre los personajes del filme figuran:

Gabriela Tello: Interpreta a ‘Sara’, una chica que ayuda a su madre en las ventas del mercado. Pese a su pobreza, estudia, y busca superarse en la vida. “Paraíso” es el primer filme en el que participa Gabriela.

Joaquín Ventura: Interpreta a un joven que tras la muerte de uno de sus amigos, sueña con alcanzar sus ideales y metas. Joaquín asegura que la actuación no le roba el sueño, lo que busca es hacer algo detrás de cámaras.

Willian Gómez: Es ‘Lalo’, el palomilla del grupo que pone la chispa en el colegio. William, por el momento dejó la actuación de lado para dedicarse de lleno a sus estudios de diseño.