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domingo, 8 de noviembre de 2009

Mártires (de Pascal Laugier)


Mártir: Sustantivo. De la palabra griega ''marturos''. Testigo.

Ayer, por la tarde, cerca de las 12.15, Anna Assaoui fue martirizada. Les pido con el mayor respeto
que piensen en ella. Anna Assaoui es un ser excepcional. En 17 años de intentos, ella es sólo la cuarta en alcanzar esta etapa. Y la primera, sí, la primera en tener noción de lo que ha visto.
Entre las 12.15 y las 14.30, la Srta. Assaoui ha claramente visto lo que viene después de la muerte.
Oyeron bien. Su estado extasiado duró 2 horas y 15 minutos. No estuvo cerca de una experiencia de muerte. Lo que experimentó, fue un auténtico martirio. A las 14.30 abandonó ese estado. Y a las 15.05 habló. En este momento sigue viva. Pero no habla más. Una señorita escuchó su testimonio. Ese testimonio, mi queridos amigos, será compartido en unos momentos.
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-Señorita, todos la están esperando.
- Ya estoy yendo, Etienne.
-¿Entonces hay algo después de la muerte, señorita?
-Por supuesto.
-¿Fue claro?
-Muy claro.
-¿Y preciso?
-No hay lugar para la interpretación, Etienne.
-Gracias, señorita.
-¿Etienne?
-¿Sí, señorita?
-¿Puedes imaginarte qué viene después de la muerte?
-¿Está usted bien, señorita?
- ¿Podrías...?
- No, yo...
-Sigue intentando, Etienne.

Título original: Martyrs.
Género: terror.
Países: Francia/Canadá
Director y guionista: Pascal Laugier


viernes, 25 de septiembre de 2009

El hijo (de Jean-Pierre y Luc Dardenne)

Notable película franco-belga sobre un drama repleto de silencios que buscan la expiación. Acá un fragmento de los escasos díalogos del largometraje:

-¿Te gustaría ser mi tutor?
- Pero, ¿no tienes uno ya?
-No.
-¿Y tu trabajador social? Debes preguntarle a él.
-¿Qué dices, quieres ser mi tutor?
-No sé, debo pensarlo. ¿Por qué quieres|que sea tu guardián?
-Porque me enseñaste mi trabajo. ¿Puedo llamarte Olivier?
-¿Por qué?
-Porque los otros te llaman Olivier.
-Si te gusta... ¿Exceptuando el robo, qué mas?
-Un asesinato.
-¿Mataste a alguien?
-Sí.
-¿Por qué mataste a alguien? Si quieres que sea tu tutor entonces tengo derecho a saber. ¿Qué fué lo que robaste?
-Una radio de auto.
-¿Mataste a alguien por una radio?
-Había un niño atrás y no lo ví. No quería dejarme ir. Lo agarré del cuello|hasta que me dejó ir.
-Lo estrangulaste...
-No quería dejarme ir.
- Lo estrangulaste...
-Yo no quería, pero tenía miedo de que me atraparan.
-Lo hiciste, sino él no estaría muerto.
-Sí, pero...
- Ningún pero. ¿Lo hiciste o no?
-Bueno, sí. Me pasé.
-¿Lamentas lo que hiciste?
-Por supuesto.
-¿Por qué por supuesto?
-Me encerraron por 5 años...

"El film es preciso, duro y directo como sus personajes; en la atmósfera, tensa desde el comienzo, se percibe cierto nervioso malestar. La cámara asedia a Olivier, el experto en carpintería en torno al cual gira el relato. No hace falta explicación alguna para comprender que aquella irritación, aquel padecimiento interior le corresponden. El hombre -cuarentón solitario y fornido, la nuca tiesa, los movimientos enérgicos y controlados, una ancha faja de cuero en la cintura para proteger la maltratada espalda- enseña su oficio en un instituto de rehabilitación social para jóvenes. Un día llega al lugar Francis, muchacho hosco, casi inabordable en su silencioso hermetismo, y las autoridades se lo encomiendan. Olivier se rehúsa a admitirlo con el pretexto de que ya tiene suficiente con sus cuatro discípulos; sin embargo, comienza a rondarlo, a espiar sus movimientos (en el instituto y en la calle) de un modo cada vez más obsesivo, hasta que por fin acepta incorporarlo a su grupo.

En el porqué de la extraña conducta del hombre reside el secreto del pasado que el film demora en revelar y que conviene no detallar aquí: un luctuoso suceso que los ligó y marcó para siempre, aunque de modo bien diverso, sus vidas. Olivier sabe que es ese muchacho el que determinó su desdicha; Francis, en cambio, ignora que quien ahora es su instructor resultó víctima del atroz pecado adolescente por el cual ya tuvo su condena.

Donde otros hubieran construido un film de suspenso, los Dardenne miran más hondo. Apoyándose en dos actores formidables (Olivier Gourmet y Morgan Marinne) se deciden a seguir a sus personajes muy de cerca (tanto como lo permite la apremiante minicámara que utilizan), a observar lo que dicen con sus gestos, a percibir las emociones y las contradicciones en lo que expresan sus cuerpos o en las conductas que adoptan; a sugerir el dilema moral o la culpa que palpitan en su interior, a dilucidar los porqués de un acercamiento cuyo propósito ni siquiera el propio Olivier conoce. "No sé", le contesta a su ex mujer cuando ésta le pregunta por qué hace lo que hace. Y esa incertidumbre tensa los hilos del relato mientras en la relación entre el carpintero y su pupilo (¿un padre y un hijo dispuestos por el azar?) se teje una confusa trama de desconfianza, admiración, resentimiento, hostilidad, compasión y rencor.

Nadie reflexiona sobre lo que sucede, nadie lo explica; tampoco hay música que avive emociones. Los laberínticos corredores y escaleras por los que en un principio la cámara acompañó al hombre en su sigilosa persecución son los mismos en los que ahora parece debatirse su pensamiento. Hasta cuando estalla la forzosa violencia y arrastra consigo sentimientos contradictorios, los Dardenne evitan las explicaciones. Basta la precisión expresiva de su puesta en escena para abarcar toda la complejidad del tema. A puro cine también resuelven los cineastas belgas las últimas imágenes: la escena del aserradero, los dos cubriendo con un plástico los tablones elegidos, no necesita palabras. Es de una intensidad y una potencia emotiva como pocas veces se alcanzan en la pantalla.

"El hijo" parece un film sobre la redención y el perdón, pero hace más: repudia la venganza. Y en el fondo sólo (¿sólo?) reivindica y celebra el gesto primordial que ennoblece al ser humano: el reconocimiento del otro." (Fuente: http://fotograma.com/notas/reviews/3856.shtml)

Página oficial: http://www.diaphana.fr/lefils/

jueves, 24 de septiembre de 2009

El Empleo del tiempo (de Laurent Cantet)


Un hombre pierde el trabajo y dedice inventarse otra vida.
La película puede, de alguna manera, entenderse como la necesidad del ser humano de inventarse una vida alterna para alcanzar los sueños (el manido mecanismo de la evasión). Pero es una película dolorosa que, al fin y al cabo, de vueltas en lo mismo (el personaje se repite, si cabe el término, eso la hace monótona). Muy llamativa su relación con el hijo mayor y con su padre: con ambos actúa como un niño -una indefesión clamorosa-, pero a ninguno logra engañar. Acá copio un fragmento de la crítica de Julián Monterroso sacada de Cineismo.com:
"El empleo del tiempo resulta una decepción frente a todos aquellos jugosos planteos. Aquí se consigue un opuesto, y muy lamentable. Es la historia de un hombre que es despedido de un buen puesto y que, por verguenza y/u orgullo, no se lo cuenta a su familia. Da vueltas por la ciudad inventando historias sobre su hipotético trabajo y su triste imagen no es la de un desocupado si no la de un tipo con mala suerte. Culposo, cobarde en más de un sentido, el hombre yira y yira tratando de entrar desesperadamente en el sistema que lo expulsó. No hay preguntas en este personaje... sólo ganas de volver. Pide plata prestada a su padre y a sus amigos para emprender un proyecto que sabemos de entrada no funcionará; esto y un eterno dar vueltas es prácticamente todo el film, aunque con algunos detalles –feos– hacia el final".