miércoles, 14 de agosto de 2013
Unos pocos buenos Amigos
domingo, 16 de junio de 2013
¡Quiero una historia, huevón!
Tinta Roja from Cinépata on Vimeo.
domingo, 6 de enero de 2013
Cómo ser feliz antes de morir (Now is good)
![]() |
| Un drama con Dakota Fanning, a quien muchos recuerdan por el papel de la niña en Hombre en llamas. |
Curvas de la vida (de Robert Lorenz)
![]() | |
| Eastwood, uno de los actores y directores que más admiro, ahora actuando para Robert Lorenz. |
—Creo que tal vez puedo cambiar la manera en que hago las cosas.
—Seguro que sí.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Yo quiero cambiar al mundo: «Cadena de favores»
![]() |
| ¿Otro mundo es posible? |
viernes, 9 de noviembre de 2012
José y Pilar
jueves, 5 de enero de 2012
La ventana (de Carlos Sorín)
Carlos Sorín: "Me interesé en la vida de Chejov"
El realizador de Historias mínimas presenta hoy en Toronto su nuevo filme, La ventana, inspirado en las últimas horas de vida del escritor. Aquí explica la génesis de un proyecto que lo toca en lo personal.
El director de La película del Rey e Historias mínimas llegó ayer mismo desde Buenos Aires, bien temprano por la mañana y al mediodía atendió a Clarín. Conocido por su sentido del humor, habló de su filme, aunque confesó que nunca lo vio terminado, así que lo "descubrirá" junto con el público.
La trama de la película es tan sencilla que "es casi inexistente, te podría decir que se evapora con sólo contarla", sonríe. Antonio es un hombre de 86 años que ha tenido un incidente cardíaco y espera a su hijo que, informado, regresa de Europa. Esas doce horas de espera, del amanecer al atardecer, es lo que se cuenta en la película. También es sobre el tiempo, sobre el fluir del tiempo, "y me hubiese gustado titularla Las horas, pero existe el filme de Stephen Daldry con ese nombre..."
¿Cuál es el origen de la historia que contás en "La ventana"?
Creo que se unieron varias cosas. Por un lado, mi antigua afición por Chejov, que revivió en el último año. Aparte de releer buena parte de sus cuentos, me interesé en su vida y busqué durante semanas un ejemplar en castellano de la que seguramente es la mejor biografía del escritor: La dramática vida de Anton Chejov, de Irene Nemirovsky. La encontré por internet. La descripción de las últimas horas de vida del escritor en un hotel del balneario de Badenweiler despidiéndose de su esposa y su médico con un brindis con champagne es realmente conmovedora. Tanto como el cuento de Raymond Carver, Tres rosas amarillas, en el que relata minuciosamente el mismo episodio. Esas lecturas estuvieron presentes en la génesis del proyecto.
Pero también hubo un hecho singular que cimbronó en el interior de Sorín: el año pasado falleció su padre. "Y aunque uno sepa que lo natural es que los padres mueran antes que los hijos, nunca termina de acostumbrarse a un hecho así, y también debe haber influido", concede.
¿Como se te ocurrió pensar en Antonio Larreta como protagonista?
Fue una idea de mi socio productor, José María Morales, que está haciendo un filme sobre la vida de Artigas basado en un guión de Antonio "Taco" Larreta. Siguiendo mi secuela de actores "no actores", yo quería un escritor para hacer el personaje que también es escritor. Hay una forma de hablar, de manejar la palabra, que es exclusiva de un escritor. ¿Quién no recuerda la forma de decir de Borges o Neruda? Tienen una musicalidad muy especial. Bueno, yo quería que de alguna manera eso estuviese en la película. Por otro lado también quería que tuviese 85, 86 años. La fragilidad de esa edad no la quería actuada, quería que fuese de verdad. De cualquier forma, "Taco" Larreta algo actuó, porque aunque realmente tiene 85, está en muchas mejores condiciones que el personaje. Y está la mirada, esa mirada inteligente que "Taco" no la actúa, la tiene.
¿Y como lo convenciste?
Viajé a Montevideo bastante nervioso, pero me encontré con que "Taco" estaba tanto o más nervioso que yo. Quería hacer el personaje, pero pensaba que no era la persona indicada. "Yo como actor soy antiguo", me decía, "soy un viejo actor uruguayo y no te voy a servir". Ahora que ya está hecha pienso que está muy bien en la película, realmente. En el elenco también está Arturo Goetz e hicieron una participación especial Carla Peterson y Luis Luque.
Sorín fue a filmar hacia el Sur, aunque no a la Patagonia. "No volví a la Patagonia -confirma-, pero filmé cerca de Bahia Blanca, cerca de Sierra de la Ventana y del límite con La Pampa. Algunos dicen que por ahí empieza la Patagonia, pero el paisaje es menos ríspido y mas bucólico."
¿Con que expectativas llegás a Toronto?
Más que expectativas llego con temores. No vi la película. La edité por un lado, trabajé el sonido por otro, pero nunca vi como funciona todo junto y en pantalla grande. La copia en 35mm. salió de Madrid y llegó a Toronto. Yo no fui a España y las únicas opiniones de gente que la vio son de las de mis socios y del director de fotografía. Nunca me pasó esto. Siempre llegué a los festivales con algunas pruebas previas con público. Ahora no. En fin, los whiskies que suelo tomarme después de la proyección me los tomaré antes...
No es la primera vez que Sorin viene con una película a Toronto. Bueno, es la segunda. "Vine con El perro y fue un éxito de ventas aquí totalmente desmedido. No creo que con esta peli repita".
Hablabas de los "no actores" que solías elegir. ¿Que balance podes hacer, qué es lo mas positivo y qué lo que no te convence de trabajar con ellos?
No tengo una opinión formada. Por un lado trabajar con "no actores" es muy limitante en el trabajo en profundidad del personaje, además de trabajoso, agotador. Y azaroso: nunca sabes cómo va a salir. Trabajando con actores podés pisar más sobre seguro, construir mas. Pero por otro lado extrañás lo imprevisto, una cierta frescura que puede salir de algo no programado, de lo "accidental". No sé qué es lo mas adecuado. Supongo que depende del tipo de película que uno quiere hacer.
Sorín viene de Buenos Aires, pero estuvo en Bogotá pocos días antes de partir. "Fui a evaluar y elegir los guiones que debían ser premiados con las ayudas que da la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura. Fueron unos días muy intensos. Hay mucho entusiasmo en Colombia con el cine. Da la sensación de que el cine colombiano está próximo a un despegue. Ojalá se dé."
Con "La ventana", ¿sentís que cerrás, al menos momentáneamente, un tipo de realizaciones, que arrancó con "Historias mínimas"?
A La ventana la veo distinta a Historias... y su saga. Es una película más construida, al menos en lo que se refiere a la imagen. Por eso filmé en 35mm., por la posibilidad de tener una imagen mas elaborada. También me parece que es una película un poco más ríspida, menos gratificante. Es también algo más ambigua, dando tiempo al espectador para que complete las cosas en su mente. De cualquier manera no estoy aun en condiciones de evaluarla. Esta noche, después de la proyección quizá tenga una idea mas próxima a la realidad.
Hermanos/Brothers
Remake' correcto, aunque prescindible
Escribe: Carlos Boyero
Ese apasionante y progresivamente sombrío argumento vuelve a ser recreado por el cine estadounidense. Le encargan el control del barco a Jim Sheridan, algo que no puede obedecer a la casualidad ya que se trata de un director que ha retratado obsesivamente en su notable cine ambientes familiares marcados por la violencia. Ocurría en Mi pie izquierdo, El prado, En el nombre del padre, The boxer y En América. Y el protagonismo a tres intérpretes con prestigio y tiro como Tobey Maguire, Jake Gyllenhaal y Natalie Portman. Primer error de reparto. Al inquietante Maguire siempre te lo vas a creer como zumbado pero escasamente como ser modélico. Si hubiera invertido su papel con Gyllenhaal, esos personajes serían más creíbles. En cuanto a la tantas veces maravillosa Natalie Portman, tengo la lamentable sensación de que está perdiendo luz, de que su presencia es tan correcta como anodina. Las más veraces son las dos crías. Naturales, graciosas, confundidas.
Sheridan suaviza el tono bronco que poseía la historia original. También hace concesiones para que el espectador no acabe hecho polvo ante esta tragedia sin salida. Es una película correcta, pero no tiene capacidad para removerte, para que te identifiques emocionalmente con los traumas de esa gente con la que se ensañó el destino.
miércoles, 4 de enero de 2012
Scanners (de David Cronenberg)
Para los años ochenta, David Cronenberg se venía perfilando como un director de excepcional inteligencia. Si bien sus obras hasta entonces - como Shivers (1975), Rabia (1976) y The Brood (1979) - habían cosechado el favor de la crítica, aún era un desconocido para el gran público. Es que en realidad la inmensa mayoría de la filmografía de Cronenberg (de entonces y de ahora) es muy oscura y cerebral, y funcionan como filmes de culto antes que como blockbusters comerciales. De hecho Scanners, Amos de la Muerte sería el primer hit taquillero de Cronenberg; y no volvería a obtener un éxito similar en cuanto a recaudación sino hasta que le llegara el turno la adaptación de la obra de Stephen King La Zona Muerta (1983) y la remake de La Mosca en 1986.
En sí Cronenberg vendría a ser el equivalente en el terreno fantástico de un David Lynch. Si bien es mucho menos críptico que Lynch, no deja de generar obras complejas que exigen un público inteligente dispuesto a analizar ideas. Por otro lado, maneja una imaginería que a veces bordea lo retorcido; uno de los temas centrales de su filmografía es la fusión entre la mente y el cuerpo con la máquina, que en muchas ocasiones lo explicita de manera shockeante. Si se quiere, Cronenberg ha hecho suya una de las premisas del Ciberpunk, y la ha transformado en uno de los leit motiv de su obra. Pero a su vez, la densidad de su filmografía sólo le ha ganado adeptos en círculos intelectuales. Cronenberg alternaría filmes más personales como Almuerzo Desnudo (1991), Crash (1996) y ExistenZ (1999) con otras historias más standard y comercialmente más atractivas como Una Historia Violenta (2005) y Promesas del Este (2007).
Pero Scanners, Amos de la Muerte es una de sus obras más entendibles para el gran público. En el fondo no deja de ser una adaptación muy liberal del comic X-Men, con una evolución genética de la humanidad, hombres con superpoderes y sociedades secretas que están en guerra permanente. No es dificil poner al profesor X en el mismo lugar que el Dr. Paul Ruth, capacitando a personas con superpoderes y enseñándole a dominar los mismos.
Pero por otro lado, la historia comienza a flaquear un poco en credibilidad a medida que avanza. Por ejemplo, que el vagabundo Cameron Vale se transforme en un James Bond sicotrónico de una escena a la otra, o el descubrimiento del complot que termina por ser algo rebuscado - ¿las corporaciones no tienen idea en qué invierten o a quién tienen contratado? -. También la secuencia en la que Stephen Lack se conecta a una computadora central a través de su mente es muuuy traída de los pelos. Si bien es espectacular, la idea de que una computadora tenga un sistema nervioso (sic) al cual un hombre pueda conectarse es ridícula. A lo sumo, capturaría bytes y números binarios en vez de texto (a menos, claro, que el scanner tenga una copia de Windows instalada en su cabeza) .
Pero el enorme problema de Scanners, Amos de la Muerte es el protagonista. No sé por qué eligieron a alguien tan incompetente como Stephen Lack para interpretar al personaje principal. Lack se ve como un idiota, habla como un idiota y actúa como un idiota. Tiene carisma cero. Su perfomance es completamente amateur, y parece un niño grande en vez de una persona atormentada por un oscuro secreto. Es la presencia de Lack la que arruina definitivamente los méritos del filme.
Scanners, Amos de la Muerte es una muy buena película si uno hace caso omiso de Stephen Lack y de los defectos del guión. Michael Ironside y Patrick McGoohan compensan de sobra, y hay acción mezclada con ideas interesantes. Una buena opción para volver a visitar este fin de semana.
Fuente:http://www.sssm.com.ar/arlequin/scanners.html
Adiós a Las Vegas (de Mike Figgis)
Encontré una crítica interesante acá:
http://luppanar.blogspot.com/2007/09/leaving-las-vegas-adis-las-vegas-1995.html
Dice la crítica de este blog:

La trama parte de un hecho muy simple y muy crudo, seguramente por todos bien conocido: un guionista fracasado pretende embriagarse hasta morir; en su carrera suicida conoce a una prostituta, aficionada a las adicciones de tipo psicológico, de la que irreparablemente se enamora. La vida, en su infinita sabiduría, les presenta a los dos una segunda oportunidad y ellos, en su obstinación y ceguera, la echan a la basura. Es en extremo lamentable y dramático observar como se despilfarra una existencia.
Creo que es la mejor historia de amor que se ha podido ver en el cine. Está tan bien realizada que nunca se cae en la cursilería a la que estamos tan habituados. Contrario a lo que ha sucedido hasta el cansancio, no se crea un guión para glorificar un amor imposible o lleno de dificultades; es todo lo contrario, la mesa está puesta y ellos prefieren seguir con sus vicios porque están profundamente arraigados. A pesar de todo lo que hay en contra, la tan inusual pareja se acepta tal y como es y bastan algunos diálogos para saber que están hechos “el uno para el otro”. Sera quiere tanto a Ben que soporta su repugnante comportamiento y aunque lo cuestiona, sabe que no puede hacer nada. Él por su parte consiente su profesión y aunque le duele profundamente nunca trata de censurarla.
Es efectivamente una historia romántica; totalmente sui generis si se quiere pero muy sentimental. Lo más rescatable es que se deja a un lado el cliché barato y narra las cosas como son en la vida real, duras, complicadas y bastante crueles.
Afirma Ben Sanderson, al explicar la razón de su comportamiento: “No sé si empecé a beber porque mi familia me dejó o si mi familia me dejó porque empecé a beber”. El hecho es que es un sujeto moralmente destrozado y ya no le importa nada, sólo desea un poco de felicidad, la cual es proporcionada por el alcohol. Por eso se dirige a Las Vegas, donde los bares nunca cierran.
Toda ella es un gran complejo de emociones inteligentemente amarradas. La fotografía es memorable, la musicalización es acertadísima y la dirección está impecablemente ejecutada, pero por sobre todas las cosas las actuaciones resplandecen y opacan su entorno. Sin duda, y por mucho, son los papeles mejor representados en la carrera de Nicolas Cage y Elizabeth Shue.
La cinta está basada en la novela autobiográfica de . Este escritor nació en 1960 y en 1990 redactó el libro “Leaving Las Vegas”. En 1994, dos semanas posteriores al inicio del rodaje, se suicidó; contaba con 34 años. Su padre aseguró que la novela era su nota póstuma.
jueves, 29 de diciembre de 2011
El ojo del diablo (de Ingmar Bergman)
martes, 27 de diciembre de 2011
Un domingo cualquiera (de Oliver Stone)
martes, 9 de agosto de 2011
Ayrton Senna da silva
Un predestinado. Ayrton Senna da Silva (Sao Paulo, 1960 - Bolonia, Italia, 1994), héroe deportivo brasilero, ganador nato, un capo de la fórmula 1 y un creyente sin parangón.
“Hay mucho por hacer, mucho por aprender. Pero no tengo mucho tiempo”.
El último día que se subió a un auto de fórmula 1, tomó la Biblia y leyó que Dios le iba a dar el mejor regalo: Él.
Director: Asif Kapadia
viernes, 5 de agosto de 2011
Un cuento chino... o tantas veces Darín
Ayer vi Un cuento chino, una gran tragicomedia argentina, donde Darín ratifica su consabida calidad. "La vida es un gran sinsentido, un absurdo", dice el personaje principal que precisamente colecciona noticias increíbles, absurdas (afición que prolongó del padre).
-¿Cómo te trata la vida, querido?
-Como el culo.
Otro gol del cine argentino. Acá la crónica de Carlos Boyero.
UNA SOLEDAD CON ALMA
Si exceptuamos unos ojos poderosamente expresivos, no existe nada excepcional en el físico de Ricardo Darín. Pero su credibilidad y su campo magnético son inagotables en una galería muy variada de gente. Ha demostrado un instinto notable para elegir guiones con cuerpo y alma, pero incluso cuando se ha equivocado y todo es naufragio en determinadas películas, cuando está obligado a decir y hacer cosas que rezuman falsedad pretenciosa, él se las ingenia para otorgar algún momento de verdad a sus personajes. Y, por supuesto, posee el imán que caracteriza a determinadas personalidades, la cámara lo quiere y contagia ese amor al espectador. De entrada, siempre apetece ver una película protagonizada por él. Y te puede derretir con su enorme talento cuando se pone al servicio de una historia que merece la pena ser contada y un director en estado de gracia, algo transparente en su inmemorable canalla de Nueve reinas y en el lirismo dolorido de El secreto de sus ojos.
Darín puede dar vida a tipos muy variados, a los sentimientos más complejos, a la turbiedad y lo cristalino, la derrota y la supervivencia, la anormalidad y la normalidad sin dejar de ser él mismo. Es de esos actores superdotados y con algo especial que aparecen muy de vez en cuando en cinematografías fuera del Imperio. Javier Bardem también pertenece a esa raza. Lo extraño en el caso de Darín es que siga trabajando en Argentina, que el cine estadounidense no haya importado a precio de oro una personalidad como la suya.
Un cuento chino, dirigida por Sebastián Borensztein, es una película más amable que agria, digna y creíble, un cuento con origen triste que se empeña en hacer reales conceptos tan anticuados como la compasión y la solidaridad, el retrato de una soledad elegida que no se ha enquistado en la indiferencia ni en el egoísmo. Sus protagonistas son un chino desolado por esos accidentes absurdos que machacan la existencia, esas pérdidas afectivas que despojan de sentido al presente y al futuro, aislado y sin un peso en un país y un idioma que desconoce, y un ferretero solitario y disciplinadamente maniático, coleccionista de noticias extrañas que aparecen en los periódicos de cualquier parte, alguien que a pesar de sus imborrables traumas y sus permanentes fantasmas no ha perdido el sentido de la justicia ni la indignación moral, dispuesto a soltarle un cabezazo a la autoridad irrespetuosa y abusona, al proveedor que intenta estafarle mínima y cotidianamente en los negocios acordados, al cliente rompe-pelotas y melifluo.
La casual, surrealista y protectora relación que establecen a base de gestos, equívocos e intuiciones estos seres a la intemperie, aunque la del chino sea absoluta y la del ferretero disfrute de un refugio tan acorazado como patético, está bien contada. Igualmente, tiene mucho mérito por parte del director la creación de una atmósfera peculiar describiendo la desesperanzada vida y los rituales fijos de ese perdedor introvertido, cascarrabias con causa, secretamente tierno, generoso a su pesar, incapaz de dejar abandonado a su trágica suerte a un paria que va a alterar su sagrada intimidad.
No es una película retórica ni sensiblera, aunque el tema se prestara a ello. Tal vez le sobre el previsible desenlace a este cuento tierno, pero no está mal pensar que los desamparados afectivos pueden encontrar alguna vez un lugar en el sol. No suele ocurrir en la vida real, pero las ficciones se pueden permitir esa esperanza. Además, la taquilla siempre se lo agradece. Pero, sobre todo, está la interpretación de Ricardo Darín. Te hace comprender, respetar y querer a ese misántropo que no ha perdido el corazón.
jueves, 28 de julio de 2011
jueves, 16 de junio de 2011
Compromiso con talento
Los ojos de Julia una gran película de terror con la notable Belén Rueda (Madrid, 1965) siempre recordada por Mar adentro, el Orfanato y El mal ajeno (de Óscar Santos), también recomendada en este blog.
Acá el comentario del crítico Carlos Boyero: "Todo es irreprochable en Pa Negre" del director Agustí Villaronga.
Las imágenes que vislumbro a través de esa pantalla me quitan para siempre los deseos de aprender a ser corsario en Internet. Ver de esta forma películas, programas de televisión, series y partidos de fútbol no entra en mis anhelos masoquistas. Seguiré comprando DVD y discos al precio que me exijan los enfurecidos y estafados creadores. Nunca atentaré contra los sagrados derechos de autor. Jamás dejaré que me laven el cerebro los internautas ni que se apodere de mí el síndrome de Estocolmo, como aseguran los escandalizados sabios que le ha ocurrido a Alex de la Iglesia, ese chico que era tan querido y admirado por sus colegas hasta hace poco y que sufrirá el destierro de su hogar ancestral por traidor, por haber enloquecido repentinamente, por plantearse que la Ley de esa ministra tan lúcida a lo peor tampoco sirve para que el desagradecido público se enamore de nuevo del cine español (¿lo ha estado alguna vez?) y retorne a las depauperadas salas que le dan cobijo.
Escucho el ardoroso y emotivo discurso con el que se despide de la presidencia de la Academia el hijo pródigo y me parece que es sincero en su furia y en su tristeza, que está convencido de que o su familia artística cambia de rollo ante las exigencias de una revolución imparable o el negocio común se irá al infierno. Hay aplausos tibiamente educados para el apóstata. No le lanzan flechas ni tomates. Pero sospecho que Alex de la Iglesia va a quedarse muy solito a partir de ahora, que se acabaron las risas a sus gracias, las palmaditas en la espalda, el baboseo, el respeto fingido o real hacia su imaginativo cine y su desbordante personalidad.
La ceremonia empezó bien, con un numerito cantor y danzarín acaudillado por Luis Tosar que tenía bastante gracia. También con la habitual comicidad, inteligencia e ingenio que desprende el impagable presentador Andreu Buenafuente. Pero la cosa fue decayendo, yo al menos precisé una notable paciencia para aguantar hasta el final las expectativas, derrotadas por las inacabables dedicatorias de la mayoría de los premiados, por sketches que se empeñaban vanamente en despertar la carcajada.
Las cuatro películas que competían eran muy atractivas. Este año no se había colado ninguna mediocridad arropada por la capacidad de adhesión que generan las productoras que ofrecen continuo trabajo a sus encantados votantes. Que haya ganado Pa negre , ese veraz, complejo, hondo, violento, estético y sombrío retrato de las barbaries que pueden ocurrir en la posguerra, los abusos de los ganadores y la aterrorizada supervivencia de los vencidos, de la mezcla de luces y sombras que existen en las relaciones de poder, es irreprochable. Es la película más sólida y emotiva que ha rodado ese director siempre inquietante llamado Agustí Villaronga . El trabajo de Nora Navas, Laia Marull, Marina Comas y Francesc Colomer es impecable. También gratamente sorprendente en el caso de esos niños tan espontáneos y creíbles.
Biutiful, una película que a ratos me irrita, posee un imán muy poderoso y es la admirable interpretación, entregado en cuerpo y alma, de Javier Bardem.
Cuentan que el guión que escribió Chris Sparling en Buried dio infinitas vueltas por las productoras norteamericanas antes de que Rodrigo Cortés se obstinara en hacer una película apasionante sin salir de un atáud. Lo que le ocurre dentro de ese espacio claustrofóbico a una persona horrorizada está poderosamente descrito en su escritura. La idea es tan original como el desarrollo. Hubiera sido demasiado mezquino negar algunos incontestables medios técnicos a Balada triste de trompeta. Y entiendo la expresión desencantada de Iciar Bollain al ver que También la lluvia, dotada de razones para ser la favorita, tuviera que conformarse con premios menores, incluido uno bastante merecido a la breve y rotunda interpretación de Karra Elejalde, actor con cuyo histriónico arte casi nunca he logrado conectar. No puedo opinar todavía de Chico y Rita, pero es de esas películas que tengo inaplazables ganas de ver. Disfruté con la elaborada frescura, la atmósfera y las descripciones sentimentales que crea David Pinillos en Bon apetit.
Sospecho que vamos a echar de menos a Alex de la Iglesia al frente de esa cosa tan tortuosa llamada Academia de Cine. Al menos, debería de convencer a Buenafuente para que siguiera presentando los Goya.
COMPROMISO CON TALENTO. Crítica de Carlos Boyero.
Dirección: Icíar Bollaín. Países: España, Francia y México. Año: 2010. Duración: 104 min. Género: Drama.
El guionista Paul Laverty, habitual colaborador para bien y para mal en el siempre identificable cine de Ken Loach, y la directora Iciar Bollain, representan dos visiones del mundo, sensibilidades, formas de acercarse a la realidad, que estaban destinadas a encontrarse. El resultado en También la lluvia destila cosas buenas, matices, verosimilitud, sentimiento, las mejores esencias de ese cine político que dejó de estar de moda hace tanto tiempo.
Cine dentro del cine
Hay varias historias en esta película, incluida esa tan arriesgada del cine dentro del cine. Todas ellas funcionan. adquieren sentido al mezclarlas. Está la del rodaje en Bolivia de una concienciada película que reconstruirá el expolio y la legalizada barbarie que sufrieron los indígenas cuando las carabelas de Colón desembarcaron en América, la rebelión de éstos ante el tributo en oro que les exigen los civilizados depredadores, la protesta ante la voracidad de los colonizadores y la indefensión de los nativos del cura Bartolomé de las Casas. Le acompaña el retrato sicológico de la gente que está haciendo esa película, sus relaciones con la población indígena que actúa como secundaria y extra a precios tercermundistas, los tormentos internos y las dificultades externas para lograr que esa ficción que reconstruye un pasado atroz pueda llegar al final en medio de las tensiones ambientales, el dilema y el desgarro del posibilista productor, el angustiado director y los acojonados o dignos actores protagonistas al ser obligados por las circunstancias a tomar partido entre el arte y la realidad. La tercera historia se centra en el grito popular y las manifestaciones en Cochabamba contra la privatización del agua concedida a una multinacional, acaudillada por un indio que interpretaba en la película al lider indígena que se sublevó contra los invasores españoles.
El tema es suculento para las tentaciones de maniqueísmo, algo contra lo que no tengo prejuicios si es inteligente, si logra convencerme de que existen los buenos y los malos. Pero aquí tampoco aparece. Sí las luces, sombras, dudas, miedos, huidas, miserias, coraje , paradojas y contradicciones de los que pretendiendo denunciar mediante el arte atrocidades del pasado descubren que en la vida real y en su presente se está repitiendo la antigua tragedia de los eternos perdedores.
También la lluvia es algo más que un retrato digno acompañado de inmejorables intenciones. Es una buena y compleja película. Iciar Bollain cree en lo que está contando y lo sabe transmitir con talento.
Boyero no gusta de este largometraje, es más cree que es una gilipollez: "Me parece directamente infame. Es de estas películas que cuando pretenten asustarte, te ríes. Belén Rueda es una mujer bellísima con algo especial, una de las grandes sorpresas del cine español. Pero en esta película todo me parece increíble".
jueves, 14 de abril de 2011
El mal ajeno (de Óscar Santos)
El encierro (de Tommy O'Haver )
El encierro (Un crimen americano), basada en la historia de Gertrude Baniszewski, una ama de casa de los suburbios que, en los años sesenta, secuestró y mantuvo a una niña encerrada en el sótano en su casa de Indiana. Allí la sometió a todo tipo de torturas, e incluso instó a sus seis hijos y a varios vecinos a que participaran de este juego macabro.
Datos de la historia real (Wikipedia):
Sylvia Marie Likens (1949-1965) fue una víctima de asesinato, tortura y violación de Indianápolis, Indiana (Estados Unidos). Fue torturada hasta la muerte por Gertrude Baniszewski y sus hijos, así como varios jóvenes y niños del vecindario. Aunque muchos vecinos admitieron haber oído gritos y lamentos procedientes de la casa de Baniszewski, no avisaron a la policía porque ellos consideraban que era mejor no entrometerse. Cuando se dio a conocer el caso de Sylvia Likens en Estados Unidos, el país entero quedó horrorizado. Los médicos forenses describieron el caso como "el caso de abuso físico más terrible del estado de Indiana". En su honor, hay un pequeño monumento con su foto colocado por orden del Departamento de Policía de Indianápolis.
En junio de 1965, Jennifer y Sylvia Likens fueron dejadas al cuidado de una ama de casa llamada Gertrude Baniszewski, una señora asmática con seis hijos (de diferentes padres) a quien habían conocido pocos días antes en la Iglesia. Sylvia era una muchacha callada y agradable a la que todos querían, que además ayudaba fregando los platos y planchando. Su hermana Jennifer también era muy callada, y había nacido con una pierna encogida, que había ido avanzando hasta llegar a poliomielitis. A pesar de su discapacidad, se las arreglaba para bailar y montar en patineta. Sus padres, Betty y Lester Likens, pagaron a Baniszewski unos muy necesitados 20 dólares a la semana por cuidar de las niñas, y quedaron convencidos de que Gertrude cuidaría de Sylvia y Jenny como de sus propias hijas. Al principio, todo iba bien, y las chicas parecían llevarse bien con los chicos Baniszewski. Tal vez el primer aviso del horrible crimen que iba a ocurrir después fue exactamente después de siete días de su llegada, cuando los 20 dólares llegaron con un día de retraso. Entonces, Baniszewski llevó a las niñas al sótano y les dijo: «Bien, perras, he cuidado de vosotras durante una semana por nada. El cheque de vuestro padre no ha llegado». Cuando Sylvia intentó explicar que seguramente el dinero se había retrasado, Gertrude ordenó a ambas que se inclinaran sobre una cama, se quitaran la falda y ropa interior y las azotó con una pala en las nalgas. Como Jennifer tenía poliomielitis y era la más pequeña, Sylvia propuso a Gertrude que la castigara a ella en vez de a su hermana pequeña. Baniszewski accedió.
Después de una semana, Betty y Lester Likens vinieron a visitarlas. Nadie se quejó y los Likens se marcharon contentos. A partir de entonces, Baniszewski y sus hijos, así como varios adolescentes del barrio, empezaron a abusar física y psicológicamente de Sylvia. En realidad no podía soportar a las chicas, pero sobre todo a Sylvia, a quien acusaba de ser una sucia y una promiscua. Un día, Gertrude le preguntó a Sylvia por qué pasaba tanto tiempo en la tienda de alimentos donde trabajaba. Likens explicó que había encontrado botellas de soda vacías y que las estaba llevando a la tienda para ganar unos cuantos centavos extra. Baniszewski no le creyó y la obligó a desnudarse completamente e introducirse una botella de Coca-Cola en la vagina delante de todos sus hijos y de Jenny. Este suceso, en la vida real, ocurrió dos veces. La primera vez la botella se rompió estando en el interior de la niña y los cristales rotos le desgarraron las paredes vaginales. Cuando esto ocurrió, todos menos Jennifer estallaron en risas y aplausos, mientras Baniszewski no paraba de fumar. También le pegaba muy a menudo con una paleta de casi un centímetro de espesor. Cuando ella se cansaba de esa tarea, cedía el derecho a manipular la paleta a su hija mayor, Paula. Paula Baniszewski tenía 18 años y era obesa. Pesaba 86 kilos. Paula pegaba a Sylvia varias veces al día.
A la hora de cenar, Sylvia generalmente no comía nada. Se limitaba a observar como los demás comían. En muchas ocasiones, su hermana Jenny robaba disimuladamente un poco de pan para ella, pero tenía tanto miedo a Gertrude que nunca se atrevió a desafiarla. Una vez, Sylvia tuvo que quitar a Paula su traje de educación física, ya que sin él no podía dar la correspondiente clase de gimnasia. Cuando Gertrude se enteró, mandó a su hija Stephanie, una prostituta, y a su novio, Coy Hubbard, a arrojarla por las escaleras del sótano. Sylvia recibió un fuerte golpe en la cabeza y permaneció inconsciente durante casi dos días. Coy Hubbard, quien tenía 15 años y era el novio de una de las hijas de Gertrude, pesaba 85 kilos y medía casi dos metros. Se convirtió en uno de los peores tormentos de Sylvia. Era una especie de experto en judo y le encantaba lanzar a la chica por el aire. En el sótano de los Baniszewski, había un viejo colchón, que se suponía que le proveería a Sylvia un suave aterrizaje. Coy, generalmente, calculaba mal, y Sylvia aterrizaba con un crujido en el suelo de cemento. Todo el mundo se reía. Nadie, incluyendo a Jenny, hizo nada al respecto. De hecho, todos, menos Paula, parecían deleitarse con su comportamiento.
El 28 de julio de 1965, el reverendo Roy Julian pasó a saludar. Se fue bastante preocupado por la señora Baniszewski, pues en su condición era difícil soportar tal contingente de niños. La señora Saunder, enfermera de salud pública, hizo una llamada. Gertrude explicó que una de las niñas a su cuidado, Sylvia Likens, era una prostituta y estaba corrompiendo a sus hijos. La señora Saunders se compadeció, pero nunca volvió a llamar. Una vez, Sylvia orinó en su cama sin darse cuenta. Esto fue porque la niña recibia de castigo patadas entre las piernas, y de tantas patadas perdió el control de su vejiga. Gertrude, enfadada, volvió a introducirle la botella de Coca-Cola en la vagina, aunque esto era algo ya habitual para Sylvia. Entonces, Baniszewski decidió que Sylvia no estaba a la altura para dormir arriba con el resto de la familia. El sótano y el colchón serían lo suficientemente buenos para ella. A partir de entonces, Sylvia sólo se alimentó de una pequeña porción de agua y galletas saladas a la semana. También fue torturada y obligada a comer sus propias heces. La muchacha se desnutrió y deshidrató. De vez en cuando, los chicos Baniszewski la sumergían en baños excesivamente calientes. Cuando salía, su piel estaba irritada y roja por el calor. Una vez se desmayó en la bañera y fue sacada por el pelo. En un momento dado (muy difícil de señalar según los médicos forenses), Sylvia dejó de resistirse a sus castigos. Entonces, la señora Baniszewski le arrancó la blusa y los pantalones cortos, que es el estado en el que se quedaría Sylvia durante el tiempo de vida que le quedaba allí. A John Baniszewski Jr., a pesar de tener sólo trece años, le gustaba escuchar los dolorosos gritos de Sylvia cuando le pegaba patadas o apagaba los cigarrillos de su madre en los brazos, piernas o estómago de Likens. También gozaba al darle puñetazos en el rostro, golpearle el vientre o patearle y pisarle la cara mientras estaba en el piso.
A Ricky Hobbs, un muchacho del barrio de Indianápolis, le había gustado Sylvia desde el momento en el que llegó, pero ella le rechazó y empezó a salir con otros chicos, lo que le produjo un gran odio hacia ella. En varias ocasiones, él y Coy Hubbard ataban a Sylvia Likens a una viga de madera que había en el sótano, después de una gran cantidad de golpes que le propinaban ambos. En una ocasión, Richard Hobbs acogotó a Sylvia durante tanto tiempo que todo el mundo pensó que se había muerto. Durante ese largo período, la señora Baniszewski contó por todo el vecindario que Sylvia era una prostituta, lo que causó que los vecinos no la miraran con buenos ojos. Luego obligó a la niña a escribir varias cartas donde detallaba escabrosos asuntos sexuales y confesaba que era una prostituta. Gertrude dijo además que Sylvia no había hecho más que causar problemas desde que llegó a su casa y que era una muchacha inmanejable, y que justamente por eso la había enviado al Reformatorio de Indiana. Los vecinos y vecinas que vivían a lado de la casa de la señora Baniszewski oían gritos, lamentos, gemidos y golpes, pero no hicieron nada al respecto porque pensaron que era mejor no meterse en problemas.
El hogar de los Baniszewski era el punto de encuentro de muchos chicos y chicas del barrio. Cuando varios jóvenes observaron que Sylvia soportaba el abuso al que era sometida, ellos también comenzaron a mofarse de ella y a aplicarle castigos físicos. Los chicos la mordían, besaban, acosaban, intimidaban, y abusaban de ella sexualmente. También traían a sus respectivas novias y a varios amigos, que también se reían de ella. Nunca pensaron que la broma iba a llegar tan lejos. Cuando en el juicio se les preguntó por qué habían hecho eso y por qué no habían ayudado a Sylvia, todos contestaron lo mismo al fiscal: «No lo sé, señor». Frecuentemente, estos otros invitados también decidían participar en los tormentos a la niña. Alguien hizo un dibujo de la niña poniéndole cuerpo de mujer y una posición sexualmente explícita. Este dibujo circula hoy día por Internet. Pocas semanas antes de su muerte, Gertrude, con una aguja al rojo vivo, escribió en el abdomen y estómago de Sylvia: «Soy una prostituta y estoy orgullosa de serlo». A mitad del trabajo se cansó, pero Ricky Hobbs continuó el trabajo por ella mientras John Baniszewski Jr. le sujetaba los brazos a Sylvia Marie. A la mitad de penúltima palabra, la aguja dejó de quemarle la piel, por lo que Hobbs empezó a hacerle cortes en vez de rozar la aguja en la piel para escribir. «¿Qué harás ahora, Sylvia?», musitó Gertrude con la mirada fría. «¿Qué harás? Ahora ya no podrás mostrarte desnuda ante ningún hombre sin que te vea la marca. Ahora ya nunca podrás casarte. ¿Qué vas a hacer?». El mayor castigo para aquella mujer, más allá de las torturas, de las palizas, de las humillaciones, parecía ser el no permitir a la muchacha que se casase, el dejar que viviera sola -como ella- para siempre. Esa tarde, Coy Hubbard pasó por la casa. Golpeó a Sylvia en la cabeza con un palo de escoba, dejándola inconsciente. Pocos días antes de la muerte de la muchacha, ella intentó escaparse. La descubrieron y fue duramente castigada. Su hermana Jennifer Likens fue obligada a abofetearle la cara hasta que estuviera completamente roja. El día anterior a la muerte de Sylvia Likens, Paula Baniszewski le dio a Sylvia su tratamiento especial: le pasó sal por todas sus heridas. A la mañana siguiente, Sylvia estaba casi incoherente. Tenía moretones, cortes y heridas de todo tipo por todo el cuerpo, hedía a causa de la falta de aseo, las cicatrices de quemaduras resaltaban por todas partes de su piel y hablaba sobre irse con sus padres y alcanzarlos en la feria donde se encontraban. Gertrude decidió que debía mojarla con la manguera. Una manguera de jardín fue llevada hasta el sótano. Todo el mundo se rió mientras el agua salpicaba sobre el demacrado cuerpo de Sylvia Likens. Ella no se movió. No pudo hacerlo. Estaba muerta.
Richard Hobbs fue quien llamó a la policía con la vaga noción de que le harían el boca a boca y ella resucitaría milagrosamente, quedando ellos como héroes, y que todo estaría bien. Al ver el cuerpo, los oficiales y médicos declararon que el de Sylvia Likens era el peor caso de abuso físico que habían investigado en la historia del estado de Indiana. Sylvia Likens murió por hemorragia cerebral, shock y desnutrición.
Juicio
En el juicio, los adolescentes y niños del barrio aceptaron su culpabilidad y detallaron los castigos a los que habían sometido a Sylvia. Gertrude Baniszewski intentó librarse de la cárcel cargando toda la culpa en sus hijos y los adolescentes del barrio, aludiendo que ella no sabía nada de lo que ocurría en el sótano, pero todos los niños declararon lo mismo sobre Baniszewski: ella alentaba la tortura y participaba en ella. Jennifer Likens declaró lo mismo.
La mayoría de las personas que fueron invitadas a ver cómo torturaban a Sylvia, terminaban maltratandola también, la humillaron y violaron, y ellos parecían deleitarse con todos esos gritos de dolor y querían también maltratarla, en el momento del juicio, el fiscal les preguntó el porqué de su actitud, por qué maltrataban también a Likens, por qué no hicieron nada para ayudarla, todos contestaron que no sabían, ninguno de ellos supo justificar su actitud.
Condenas
* Gertrude Baniszewski fue hallada culpable de asesinato en primer grado y sentenciada a cadena perpetua. Se le recluyó en la Prisión de Mujeres de Indiana. Obtuvo su libertad condicional el 4 de diciembre de 1985, luego de estar veinte años en prisión. Poco antes de morir en 1990, Gertrude Baniszewski aceptó finalmente su culpabilidad, responsabilizando a sus problemas personales y a una serie de medicamentos que ingería, por sus actos criminales.
* Paula Baniszewski fue hallada culpable de asesinato en segundo grado y sentenciada a cadena perpetua. Obtuvo su libertad condicional el 23 de febrero de 1973, luego de servir siete años en prisión. Tuvo una hija en ese mismo año y la llamó Gertrude.
* Coy Hubbard fue hallado culpable por homicidio impremeditado y sentenciado a 21 años de prisión. Se convirtió en un delincuente y volvió a la cárcel con frecuencia.
* Richard Hobbs fue hallado culpable por homicidio involuntario y sentenciado a 21 años de prisión. Murió a los 20 años de cáncer de pulmón.
* John Baniszewski Jr., pese a tener trece años de edad, fue sentenciado a cumplir 21 años de cárcel; fue el preso más joven del reformatorio de la historia de ese estado. Tras cumplir su condena, se convirtió en pastor laico, para contar su historia.
* Stephanie Baniszewski fue hallada culpable por cómplice y fue sentenciada a cumplir 12 meses en prisión. Ella junto con Coy Hubbard arrojaron a Sylvia por las escaleras del sótano, lo que le produjo una hemorragia cerebral.
Una esposa de mentira (de Dennis Dugan)
Una buena comedia con Adam Sandler y Jennifer Aniston:
El arca rusa / Padre e hijo (de Alexander Sokurov)
La primera referencia obligada es acerca de su aspecto técnico, pues se trata del primer film en toda la historia del cine íntegramente filmado en una sola toma; es decir que se rodó en los 96 minutos de tiempo real en que transcurre la película, sin un solo corte, sin montaje alguno. Esto supera el ya paradigmático ejemplo de Festín diabólico (o La soga) de Hitchcock, que fue filmada en la que se supone es una toma, aunque en realidad Sir Alfred tuvo que cambiar de rollo varias veces, disimulando los cortes. La tecnología digital ha hecho posible que Sokurov filmara sin cortes y en alta definición: la cámara al hombro mandaba toda la información a un disco rígido con una calidad de imagen muy superior a la del video convencional, y se la transfirió más tarde a un negativo de 35 milímetros.
Pero no es aconsejable distraerse con el virtuosismo técnico del film: El arca rusa es un homenaje al museo del Hermitage de San Petersburgo y a la Rusia zarista. Y constituye además un maravilloso monumento visual que excede todo contenido ideológico o referencia a la tecnología.
El museo del Hermitage ocupa hoy un conjunto arquitectónico compuesto por varios edificios imperiales que incluyen el Teatro Hermitage y el Palacio de Invierno que habitaban los zares en los siglos XVIII y XIX, obra de Pedro el Grande, y donde Catalina II colgó su colección de pinturas en 1764. Allí tuvo lugar la revolución bolchevique de octubre de 1917, allí se soportó durante casi tres años el sitio de los nazis a la ciudad, y hoy es uno de los museos más importantes del mundo. San Petersburgo cumple 300 años y Sokurov le rinde homenaje en este film.
Su cámara entra al museo por una puerta trasera y desde allí, con muy pocos momentos de reposo, recorre pasillos, sube y baja escaleras, atraviesa más de treinta salones, vuelve sobre lo recorrido, todo en un único plano secuencia. Pero el viaje no sólo es espacial, sino que en ese mismo plano recorre los últimos 300 años de la historia de Rusia, que tuvieron en ese Palacio su centro de poder. Como en muchos de sus films, la imagen aparece acompañada por un narrador o una voz en off, la de un personaje de nuestros días preguntándose qué hace en ese lugar, poblado por gran cantidad de personajes vestidos como en épocas pasadas. Nadie parece percibirlo, excepto un hombre cuyo traje denota que no es contemporáneo del resto. Se trata de un noble y diplomático francés, quien se muestra tan sorprendido como el narrador –cuyo punto de vista comparte la cámara, o el mismo Sokurov– de hallarse en esos salones, y de hablar ruso. Esa suerte de Virgilio confundido lo guía por los distintos círculos o salones del Hermitage que conforman este arca rusa, reservorio de las creaciones, del espíritu y la identidad de un país. ¿Se trata de un sueño? ¿Son fantasmas? La cámara-narrador y su interlocutor comparten un recorrido espacio-temporal, mientras cruzan filosos e irónicos diálogos sobre la historia y la mentalidad rusas. Los tesoros artísticos que desfilan ante nuestros ojos son notables: varios Rembrandt, El Greco, Van Dyck, pintura medieval, italiana, la lista es interminable. El viaje temporal no sigue un orden cronológico, sino que las distintas capas del pasado se extienden, se pliegan, se superponen. Vemos en escenas privadas a Pedro el Grande, fundador de la ciudad, a la emperatriz Catalina II la Grande supervisando el ensayo de una obra de teatro, a Nicolás I en una ceremonia diplomática con toda su plana mayor, al último zar, Nicolás II, desayunando en familia mientras afuera estalla la revolución, y estas escenas alternan con momentos del siglo XX y XXI: en una ocasión, los itinerantes acceden a un salón en el que personas actuales, reales, visitan el museo y contemplan sus cuadros mientras el francés dialoga con ellos; en otra oportunidad, atraviesan una puerta prohibida y se encuentran en un exterior helado, donde un carpintero fabrica su propio ataúd, rodeado de ruinas y marcos sin telas (esa fue la época socialista, cuando San Petersburgo se llamaba Leningrado; esa fue la guerra). Los distintos momentos históricos se suceden fluidamente sin orden lógico, a la manera de un sueño, o al modo en que en una misma pared del museo conviven cuadros de épocas diferentes.
Para concretar su proyecto, Sokurov convocó a tres orquestas y más de mil actores y extras que ensayaron durante varios meses con la colaboración de 22 asistentes de dirección, quienes marcaban a cada paso la entrada y salida de los actores, a lo largo del recorrido de la cámara, que en ocasiones vuelve sobre sí misma en giros de 180º grados. Un mecanismo de relojería, que funcionó como tal. El director de fotografía y operador de steadycam es el alemán Tilman Büttner, fotógrafo de Corre Lola corre, otro tour de force camarográfico.
El viaje culmina en 1913, en un baile de gran gala en el que participan cientos de personajes en una coreografía majestuosa, al son de la música de Glinka.
Más allá de lo novedoso de su realización, el interés por El arca rusa radica en que continúa las inquietudes intelectuales de Sokurov. Discípulo declarado de Tarkovski, prosigue en este film las investigaciones sobre las posibilidades de la imagen, que había dado planos tan sorprendentes en Madre e hijo. Por otra parte, Sokurov es un romántico que vuelve a reflexionar sobre la historia de Rusia (estudió Historia en la universidad), como antes en Moloch –sobre el ocaso de Hitler–, Taurus –los últimos días de Lenin y su tensión con Stalin– y en Voces espirituales –crítica de la presencia soviética en Afganistán–. En esta oportunidad, el cineasta no oculta su nostalgia por la época zarista, y su espíritu crítico hacia el período socialista; además cuestiona la dependencia rusa de la cultura europea y reflexiona sobre su lugar de tensión entre Europa y Asia: “los rusos no tienen ideas propias (...) No me gustan los uniformes”, se escucha mientras vemos desfilar cientos de ellos por los salones del Hermitage, denotando la importancia de la oficialidad rusa durante el sistema zarista. El pueblo, mientras tanto, como todo orgánico, está ausente. Cuando salimos del museo, en una maravillosa e hipnótica procesión de cientos de uniformes y damas de la corte que dejan atrás una era que se acaba, y esperamos ver las calles transitadas, es el mar lo que encontramos. En ese mismo Palacio de Invierno, Sergei Eisenstein había filmado Octubre, su tributo a la revolución de 1917. El film de Sokurov se instala en el otro extremo, no sólo en cuanto a las cuestiones de montaje, sino a la posición ideológica: ahí está –entre otros– ese “momento perfecto” en que las hijas del zar corren bellísimas, idealizadas como ninfas, por los pasillos del Palacio. Al director no le preocupan las acusaciones de reaccionario que llueven sobre él.
Otro tema que reitera es su interés por el arte: el recorrido de los museos ya había tenido una primera aproximación en Elegía de un viaje, que culminaba con la visita a un museo de Holanda y fue una suerte de ensayo de El arca rusa.
Y por fin el tratamiento del tiempo, protagonista del film junto con el espacio, continúa las exploraciones temporales que aborda de una u otra manera en toda su obra. El film transmite la sensación que se tiene cuando se entra en cualquiera de los grandes museos de Europa: el pasaje a otra realidad, a un tiempo otro que el presente cotidiano. En lugar de la representación indirecta del tiempo que construye el montaje, todo este film constituye una imagen-tiempo en la que presente y pasado conviven simultáneamente. Se siente el fluir del tiempo en el plano, para usar palabras de Tarkovski. Un tiempo que tal vez nos lleva a una catástrofe. No es casual que la película termine disolviéndose en la imagen del mar rodeando el Arca, mientras el narrador dice resignado: “Estamos destinados a navegar para siempre.”


